Universidad de Burgos
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Fecha: 9 de noviembre de 2007

Hora: 12 h.

Lugar: Salón de Actos de la Facultad de Humanidades y Educación

Dirección: Terry George.
Países:
Reino Unido, Sudáfrica, USA e Italia.
Año: 2004.
Duración: 121 min.
Género: Drama.
Interpretación: Don Cheadle (Paul Rusesabagina), Sophie Okonedo (Tatiana), Nick Nolte (Coronel Oliver), Joaquin Phoenix (Jack), Desmond Dube (Dube), David O'Hara (David), Cara Seymour (Pat Archer), Fana Mokoena (General Augustin Bizimungo), Hakeem Kae-Kazim (George), Tony Kgoroge (Gregoire), Ofentse Modiselle (Roger).

SINOPSIS

A unas horas de la firma de un convenio de paz entre hutus y tutsis, que respalda la ONU, en el Hotel Mille Collines (Kigali, Ruanda), que regenta Paul Rusesabagina (Don Cheadle), pequeños acontecimientos empiezan a perturbar la cotidianeidad del país. Soldados hutus instigan por radio a "erradicar la invasión asesina de los tutsis ". Paul Rusesabagina es hutu y director del hotel Mille Collines , propiedad de las aerolíneas belgas Sabena. Respetado por su generosidad, su carisma y los contactos que tiene, se ve involucrado en el transcurso de los acontecimientos cuando amenazan a su mujer tutsi (Sophie Okonedo), a sus hijos y vecinos con la muerte y logra sortear los primeros obstáculos mediante el soborno, con la esperanza de que las fuerzas internacionales lleguen en cualquier momento para evitar la guerra civil. Sin embargo, la situación se recrudece. Tras el asesinato del presidente ruandés, comienzan las matanzas indiscriminadas de tutsis a manos de los soldados y ciudadanos hutus...

 

SOBRE EL CONFLICTO DE RUANDA

            En la primavera de 1994, en sólo 60 días, medio millón de personas fueron asesinadas en Ruanda. Hotel Rwanda se ocupa de aquellos hechos, centrándose en el caso real de Paul Rusesabagina, director de un hotel de lujo de Kigali, quien, en condiciones muy difíciles y abandonado por las Naciones Unidas y las potencias occidentales, logró salvar a 1200 de sus vecinos refugiados en el hotel.

            Ruanda y su vecina Burundi venían registrando ya episodios de violencia extrema y espantosas matanzas entre grupos étnicos desde 1959, pero los hechos que cuenta la película se enmarcan el la guerra civil que había estallado en Ruanda entre el Gobierno de los humus y la oposición armada (tutti) del Frente Patriótico de Ruanda (FPR). Pese a los llamamientos hechos por el entonces secretario general de las Naciones Unidas, Boutros-Ghali, para formar un contingente que interviniese con el fin de proteger a las víctimas, los países occidentales no apoyaron la iniciativa ni con diplomacia, medios de transporte, medios logísticos ni fuerzas militares. Ruanda no tenía nada por lo que mereciese la pena arriesgar fuerzas militares o invertir fondos: no tiene petróleo, ni está cerca de Europa, Rusia o EE.UU. y si la guerra se extendía y amenazaba a países vecinos era sólo un problema regional.

            Conflictos como el de Ruanda forman parte de lo que analistas como Mary Kaldor denominan nuevas guerras. Se han producido sobre todo en la Europa del Este y los llamados Estados fracasados de África y Asia. Estos conflictos tienen bastante que ver con el final de la Guerra fría [1] , pero al fondo de ellos están factores como la ausencia de un ordenamiento jurídico internacional capaz de regular los conflictos (en este punto la contemporaneidad ha evolucionado coja y el Estado de Derecho sólo se ha hecho realidad en el interior de algunas sociedades), los efectos de la bárbara colonización europea y de la no menos desastrosa descolonización o las consecuencias que la globalización neoliberal de las últimas décadas ha tenido sobre zonas como el África subsahariana, cada vez más prescindibles en términos de interés económico dentro de este mundo globalizado.

            Los protagonistas de estas guerras son facciones extremistas que buscan poder y beneficios económicos para su grupo mediante la reivindicación de identidades aparentemente tradicionales como la nación, la tribu o la religión. A ellos pueden unirse bandas mafiosas que buscan legitimar sus actividades criminales, pero otros muchos se ven obligados a intervenir empujados por el miedo o el hambre, no siendo infrecuente la utilización de niños-soldado. La forma de hacer la guerra y de extender el poder y la influencia de la propia facción extremista es ejercer una violencia extrema sobre los civiles e otras etnias o religión, que son asesinados o expulsados en procesos de limpieza étnica , que implican un desdibujamiento de las distinciones entre guerra, crimen organizado y violaciones a gran escala de los derechos humanos. De hecho son una mezcla de esas tres cosas.

            En fin, hay guerras de primera, segunda y tercera clase. Su visibilidad se reduce a medida que nos desplazamos hacia el este o hacia el sur, como es el caso de Ruanda. Por otra parte, inmersos en tiempos de cultura efímera, la mayoría de los conflictos bélicos sólo interesan en el momento de su estallido o cuando algún atentado terrorista los pone momentáneamente en candelero. Poco a poco van desapareciendo de los informativos y cuando concluyen, apenas volvemos a tener datos sobre la evolución de esas sociedades en los años posteriores a la finalización oficial del conflicto.

            La guerra no está inscrita en nuestros genes. Es el resultado de un contexto internacional en el que sigue imperando en gran medida la ley de la selva. A comienzos de este tercer milenio, uno de los grandes retos de la humanidad continúa siendo el de avanzar -como se ha hecho en el interior de algunas comunidades humanas- hacia un Estado de derecho internacional cimentado sobre bases sociales más justas que las actuales y sobre la renuncia a la fuerza, el respeto a la ley y criterios de seguridad compartida

            [1] Que por ejemplo provoca el hundimiento de regímenes dictatoriales, clientelares de alguna de las dos superpotencias y que después de 1989 dejan de ser útiles a éstas. Pero también son conflictos bélicos que sirven para dar salida a los excedentes de armas generados por esa Guerra fría , durante la que se produjo la mayor acumulación de armas de la historia.

 

Para saber más

Si quieres saber algo más sobre Ruanda y sobre el conflicto del que se ocupa la película desde el Aula de Paz y Desarrollo te sugerimos las siguientes lecturas:

HOCHSCHILD, Adam: El fantasma del rey Leopoldo : una historia de codicia, terror y heroísmo en el África colonial . Barcelona, Península, 2002.

KALDOR, Mary: Las nuevas guerras. Violencia organizada en la era global . Barcelona, Tusquets, 2001.

AGUIRRE, Mariano y BRUHN, Cecilia (coords.): Los conflictos armados y los estados frágiles en África subsahariana . Barcelona, Intermón Oxfam, 2002.

SÁEZ ORTEGA, Pedro: Guerra y paz en el comienzo del siglo XXI. Una guía de emergencia para comprender los conflictos del presente . Madrid, CIP / FUEHM, 2002.

Otra película sobre el tema: Disparando a perros ( 2007) Reino Unido / Alemania de Michael Caton Jones

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