Una propuesta científica para prevenir los golpes de calor en mayores

Un análisis de la Universidad de Burgos sienta las bases para las futuras soluciones en prevención de golpes de calor

Cada verano, los golpes de calor vuelven a aparecer como un riesgo para la salud pública, especialmente para los mayores. Con las temperaturas cada vez más elevadas a consecuencia del cambio climático, los golpes de calor suponen un riesgo que pueden ser medido y previsible.

Un estudio de la Universidad de Burgos ha sentado las bases para la creación de modelos concretos que ayuden a crear alertas tempranas y acciones preventivas específicas más allá de los datos fisiológicos. A largo plazo, el objetivo último de este trabajo es relacionar factores personales y ambientales para trazar perfiles que ayuden a orientar a familiares y cuidadores.

Un problema creciente

A partir de los 60 años, el cuerpo de las personas comienza a perder la capacidad de autorregular su temperatura. Este proceso, natural en los seres humanos, se ve agravado por el aumento de las temperaturas extremas, siendo aún más preocupante en territorios con una media de edad alta, como Castilla y León.

Sin embargo, la ciencia aún no ha logrado determinar todas las causas. Carla Collazo Riobó, una de las responsables del estudio, señala que “si bien se ha estudiado la termorregulación en perfiles concretos, como deportistas de élite o bomberos, aún no hay demasiada literatura con respecto a mayores”. Para la investigadora, las recomendaciones generales (hidratación, evitar las horas centrales del día) “se basan en la fisiología, pero no atienden a riesgos personales”. Estos cambios de temperatura no solo causan fallecimientos, aunque son las consecuencias más graves, sino también caídas, fatigas intensas y malestar general, situaciones que en muchos casos pueden prevenirse. En la actualidad hay diferentes tecnologías, en el mercado y de estudio en laboratorios, que recogen datos mediante monitorización, como son los dispositivos vestibles (‘wearables’): dispositivos inteligentes como relojes, teléfonos o, incluso, ropa. Sin embargo, su aplicación y validación científica en población mayor sigue siendo limitada, ya que la mayoría de los estudios se han centrado en otros perfiles poblacionales.

“La pérdida de la autorregulación es progresiva y natural con la edad, por la pérdida de grasa parda, de masa muscular, de sudoración… pero a unas personas les afecta más que a otras” apunta Collazo Riobó. Estos factores de riesgo se suman a otros socioeconómicos, como viviendas poco preparadas para los cambios de temperatura, especialmente en el medio rural. 

La tecnología como paso intermedio

Estos dispositivos inteligentes son muy útiles de cara a los datos, pero lo cierto es que no se están utilizando en personas mayores. Además, las investigadoras no consideran que sea factible que las personas mayores las lleven de forma constante. “El objetivo es conseguir relacionar los factores medibles con factores externos que nos permitan crear estrategias de prevención que no requieran un dispositivo”. 
Este artículo forma parte de la tesis de doctorado de Sandra Núñez Rodríguez, alumna de la Universidad de Burgos e investigadora, y se inscribe en la línea de trabajo del Grupo CYS, Ciencia y Salud, de la UBU. Además, en la recogida de datos están colaborando varias residencias y centros de día.

Referencia del artículo

Núñez-Rodríguez, S., Collazo-Riobó, C., Menéndez-Vega, F., Sedano, J., Sánchez-Iglesias, A. I., González-Bernal, J. J., & González-Santos, J. (2025). Thermoregulation and Heat Stroke Prevention in Older Adults: Advances in Emerging Technologies and Interventions. Sensors, 25(22), 7058. 

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Última actualización: 18 de marzo de 2026