¡Ya no quiero morirme, quiero vivir!

Una historia de violencia y superación de una víctima anónima de la violencia de género en las Aulas de la UBU

El silencio ya no es una opción. Conviene que esta idea tan simple se vaya introduciendo en nuestro día a día y lo veamos como algo tan normal como es respirar o comer. La profesora Silvia Ubillos y la doctora en Psicología Alicia Puente trasladaron a las Aulas de la Facultad de Ciencias de la Salud el testimonio de una mujer que ha sufrido en su piel la violencia y que quiso mostrar a los universitarios burgaleses una cruda realidad que sufren en el hogar miles de mujeres, mediante una historia real de violencia y superación, una lección de “vida” que con atención escuchó un nutrido grupo de estudiantes de la Universidad de Burgos en la Facultad de Ciencias de la Salud.

Maltrato mujerLas doctoras Ubillos y Puente recuerdan que -durante demasiado tiempo- la violencia contra las mujeres se ha considerado un problema privado, oculto, del que no debía hablarse ni por supuesto hacerse público. Las mujeres víctimas de abusos por parte de sus parejas debían sufrir en silencio puesto que no interesaba conocer esa realidad, no era importante… siempre había otros temas más relevantes. La conferencia en la UBU ¡Ya no quiero morirme, quiero vivir! a cargo de una mujer víctima de violencia de género cedió un espacio a la reflexión acerca del aislamiento y soledad que sufren y con ella la Universidad quiso hace visibles algunas de las barreras y dificultades a las que se enfrentan las mujeres a lo largo del proceso de superación de la violencia.

A pesar de que hoy es considerado un problema de orden público que nos afecta a todos/as, la violencia de género sigue siendo un desafío en la atención a las víctimas y sus hijos/as. La violencia no acaba con la ruptura, y las supervivientes no encuentran recursos de apoyo suficientes en los sistemas especializados. Las críticas que se extraen de los testimonios de estas mujeres apuntan a una falta de formación especializada de los profesionales, la ausencia de un sistema de acompañamiento, de protección del menor, y de apoyo e integración socio-económica de muchas mujeres tras poner fin a la relación.  

¡Quiero vivir!, era el grito desgarrador de la protagonista de este encuentro con los estudiantes en la Universidad, una víctima de género de la que por motivos evidentes ocultamos su identidad, frente al desconocimiento, juicios sociales y estigma asociados a la divulgación de la violencia de género. La reconstrucción de su relato nos mostró el camino sobre el que debemos transitar en la lucha contra la violencia machista.

Hace 3 años, esta mujer decidió pedir ayuda por primera vez y hoy sigue luchando para que se la escuche y, en sus palabras, se siente todavía el miedo e incluso el pánico vivido durante una época de su vida en la que tocó fondo.

"Soy muy consciente que mañana podría ser la próxima de las noticias. Cuando una persona te quiere ayudar nunca vamos a contar todo porque sentimos vergüenza. También tenemos miedo… ¡cómo él se entere!. Tomar la decisión es muy duro, el miedo paraliza todo. Te tienen convencida de que todo es culpa tuya, tú sabes que no estás bien, que tienes que salir de la situación, pero  no tienes fuerza, cada vez te vas más abajo, entras en un círculo vicioso. Una no quiere que nadie sepa lo que se está viviendo dentro de casa, por eso ya no quedas con tus amigos o amigas, dejas de hacer cosas para no tener que escuchar reproches, insultos. Te quedas sola.

Había tocado fondo. Siempre que denunciaba fue después de un episodio grave. Denuncié después de una violación. Él muchas veces sabía que yo no quería y usaba las amenazas y me manipulaba con las niñas. Piensas que las hijas no se dan cuenta pero al final se enteran de todo. No podía llorar porque mis hijas eran mayores, pero después se metía con la menor. Intentaba hacer de todo para no dejarlo con mis hijas a solas.

Hay una cosa que me choca mucho de la gente que se supone que está formada porque todavía hay mucho desconocimiento. Me dicen que siempre hay que apartar a los niños, pero eso es muy difícil, mis hijas han visto todo. Mis hijas tienen que ir con él una semana si y una no. Si llego a saber que mis hijas tienen que quedarse a solas con él no le hubiera denunciado, hubiera aguantado más. Cuando estoy yo, me puedo poner en medio, pero cuando mis hijas se van con él no puedo.

Todos los hijos tienen derecho a estar con sus padres pero en este caso no es sólo su padre, es un maltratador. De cara a la gente es un tío amable, es una persona súper atenta, pero luego no tiene nada que ver, cambia mucho cuando se cierra la puerta.

Ellos son los que disparan, pero el sistema es el que les deja el arma. Nunca le ha pasado nada no tiene consecuencias, siempre se ha saltado las órdenes de alejamiento. El Estado me da una ayuda por ser víctima de violencia de género, pero es a corto plazo. Con lo que me da él más la ayuda me alcanza justo. Siempre los favorecen a ellos, tiene una orden de alejamiento, debería tomársela en serio ¿y qué va a pasar cuando la orden se acabe…?”.

No olvidar…

Maltrato mujerA pesar de que se han implementado medidas contra la violencia de género, este testimonio nos hace reflexionar hasta dónde llegan y cuáles son sus carencias. Y el camino por recorrer es largo… Sin pretenderlo, en ocasiones el sistema de protección hacia la víctima y los progenitores aumenta el riesgo de exposición a la violencia. Es imprescindible no olvidar a las víctimas en el proceso de superación, pero tampoco han de obviarse las medidas dirigidas hacia los maltratadores que revelan la magnitud del problema al que nos enfrentamos. “Juntas/os –esgrimen Silvia Ubillos y Alicia Puente- debemos ayudar a romper los tabúes y creencias erróneas que se tienen de la violencia de género”.

El testimonio de esta víctima anónima concluyó: “Queremos olvidarlo todo y al mismo tiempo no queremos olvidarlo nunca, tenemos muchas contradicciones, es importante no olvidar para no volver a caer”. 

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Última actualización: 12 de abril de 2018